Con el cuño de la guerra


Por Elson Concepción Pérez Diario Granma, Cuba. | 16 enero del 2010

Para llevar adelante una guerra, Estados Unidos lo primero que hace es acuñar una supuesta amenaza contra sus ciudadanos o su territorio.
Ese cuño estuvo también en los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York, en septiembre del 2001, entintado con la etiqueta de Al Qaeda, y tras esa agrupación, o por mentiras relacionadas con su presencia, lanzó la invasión a Iraq.
Desde un oco antes en Afganistán, en busca de Osama bin Laden, el Pentágono se lo ha gastado todo: desde las más destructivas bombas contra zonas de cavernas, donde supuestamente se ocultaba el líder de la organización terrorista, hasta modernos sistemas de cohetes, obuses y todo tipo de maquinaria bélica salida del Complejo Militar Industrial (CMI).
Ahora, con la mirada puesta en la República de Yemen, la administración Obama dio la bienvenida al año 2010.
No habían transcurrido 72 horas del nuevo año, cuando la secretaria de Estado, Hillary Clinton, aseguró que “Yemen se ha convertido en una amenaza local, regional y mundial”.
Y como para que no se olvide el papel de gendarme de las administraciones norteamericanas, la Clinton anunció que ya su gobierno trabajaba para “estabilizar a Yemen, proteger sus fronteras y combatir a Al Qaeda”.
Esas palabras, equivalen al augurio de una nueva guerra; o al menos de pretensiones de usar el territorio yemenita para tentar sus ansias belicistas y expansionistas.
Si contra la población afgana —de las más empobrecidas del mundo— se refuerzan las tropas con el envío de otros 30 000 uniformados, a Washington poco importa ahora que se repita la búsqueda de Al Qaeda en Yemen, el país más pobre de la región del Oriente Medio.
Se trata de una nación que ha vivido continuos conflictos étnicos y corrientes separatistas en gran parte de sus 527 968 kilómetros cuadrados de extensión.
Pero, por tradición militarista, a Estados Unidos le viene bien lo de pescar en río revuelto; por ello, apunta hacia la República de Yemen, y usa como su mejor pretexto el de la supuesta preparación de miembros de Al Qaeda, quienes realizarían actos terrositas contra intereses norteamericanos.
Además de las palabras de Hillary Clinton, estrenando el nuevo año, deben tenerse en cuenta las declaraciones del senador Joseph Lieberman, presidente de la Comisión de Seguridad Interna del Congreso norteamericano, quien no esperó a que se desprendiera la última hoja del almanaque del 2009 para, sin recato alguno, aseverar que Iraq fue la guerra de ayer, Afganistán la de hoy, y Yemen la de mañana.
Lieberman parece olvidar que en territorio iraquí se mantienen más de 100 000 soldados norteamericanos, unidos a miles de mercenarios que, aunque no se exponen en las ciudades al accionar diario de la resistencia, son garantes militares de la apropiación foránea del petróleo.
En cuanto a Afganistán vale recordar que también fue la guerra de ayer, es la de hoy y se pretende perpetuar para astronómicas ganancia del CMI, pues la guerra genera demanda de más equipos militares.
Hay un tercer país, Paquistán, donde también la acción militar estadounidense hace mella. Los aviones no tripulados con etiqueta MADE IN USA bombardean indiscriminadamente aldeas cercanas y no tan cercanas a la frontera afgana, y suman decenas y decenas los civiles ametrallados y despedazados por la metralla yanki.
Para la ya anunciada “guerra de mañana” contra la República de Yemen, la administración Obama ha dado los primeros pasos con aquello de que “el mañana” hay que prepararlo desde “hoy”.
No por casualidad el 2 de enero visitó Yemen el general David Petraeus, comandante del Mando Central del Ejército norteamericano.
Allí, reunido con las autoridades yemenitas, brindó la reiterada colaboración antiterrorista de Washington y la prioridad que da el gobierno de Obama a esa nación.
El propio mandatario, en su primera alocución televisiva del 2010, dijo tener plena conciencia de que EE.UU. está en guerra con una organización amplia y llena de violencia y odio, y que por lo tanto tomará como tarea primordial fortalecer la cooperación con el Gobierno yemení para luchar contra Al Qaeda.
Ya antes, The New York Times había informado que el Pentágono destinará una suma de 70 millones de dólares para ayudar a Yemen a entrenar sus tropas, policías, guardias costeras y elevar el nivel de sus equipos bélicos. Esta suma es más del doble de la ayuda militar que ofreció con anterioridad a ese país.
Una pregunta indiscreta pudiera hacerse cualquier persona, si quiere conocer qué busca Washington en la estratégica región donde está ubicado Yemen: ¿Tendrá interés la administración Obama en instalar una base de operaciones en ese territorio con la mirada puesta no solo en el Oriente Próximo, sino en una geografía tan cercana como África?
En geopolítica pudiera inferirse que Yemen formaría parte de un plan estratégico del que Iraq y Afganistán son inquilinos por la fuerza.
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