PERU: Los mismos pobres de siempre


eco01Áreas rurales. Informe de Oxfam advierte que estas zonas aún mantienen altos niveles de carencia. Si bien la pobreza total se redujo a 34.8% en el 2009, en las zonas rurales de la costa y selva tuvo considerable aumento. Piden mayor apoyo a la agricultura.

Nota relacionada

José Carlos Reyes.

Los pobres siguen siendo los mismos. Si bien en el Perú resulta evidente la reducción de la pobreza monetaria en los últimos años, aún los niveles de pobreza y extrema pobreza siguen siendo muy altos en las zonas rurales del país.

Esa fue la principal conclusión a la que llegó la agencia internacional de ayuda Oxfam, al presentar esta semana en Lima su informe anual 2009-2010 sobre el trabajo realizado en el Perú. 

Frank Boeren, representante de Oxfam en el Perú, consideró necesario poner la lucha contra la desigualdad en el centro de las preocupaciones del gobierno. 

“Nos sigue preocupando que los pobres sigan siendo los mismos de siempre: pobladores rurales, indígenas y agricultores. Esta distancia, especialmente con los pueblos indígenas, alimenta las tensiones sociales”, subrayó Boeren.

Tendencias contrarias

Este análisis se corrobora cuando se analizan las cifras oficiales de reducción de la pobreza.

Según el informe de la pobreza al 2009, presentado en mayo por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), si bien la pobreza a nivel nacional bajó de 36.2% en el 2008 a 34.8% en el 2009, en las zonas rurales el nivel de pobreza subió de 59.8% a 60.3%.

Las mayores alzas se dieron en la costa rural, donde la pobreza subió de 34.8% a 40.6% pero sobre todo en la selva rural, donde la pobreza trepó de 49.1% a 57.4%.

Asimismo la pobreza en la sierra rural se redujo en tres puntos porcentuales pero se mantiene en un alto 65.6% (ver infografía).

La clave está en la agricultura

Carolina Trivelli, economista del Instituto de Estudios Peruanos, refirió que los elementos que contribuyen a mantener la situación de pobreza de las poblaciones rurales no son nuevos.

“Un agricultor, que vive en una zona rural y que además tiene ascendencia indígena, tiene muchas menos probabilidades de salir de la pobreza que otro peruano que vive en Lima”, refirió.

Agregó que la diferencia no tiene que ver con el esfuerzo personal, sino con que un peruano que vive en el campo tiene menos de casi todo: menos servicios públicos, mercados, instituciones, información y más costos de transacción.

Por ello, la investigadora propone una política agraria que vaya más allá de la costa, para que así se favorezca a la agricultura familiar, pequeña agricultura comercial y también a la de subsistencia.

Reacciones

"El Estado y las comunidades obtendrían mayores rentas con una mayor presencia de las empresas públicas en la explotación de los recursos naturales”.

Francisco Durand
Profesor en la U. deb Texas, San Antonio, EEUI

"Nos sigue preocupando que en el Perú los pobres sigan siendo los mismos de siempre: pobladores rurales, indígenas y agricultores”.

Frank Boeren
Representante de Pxfam en el Perú

La pobreza y la edad

Javier M. Iguíñiz Echeverría
Profesor de la PUCP.

Las cifras de pobreza promedio en el Perú son importantes para tomarle la temperatura a la economía, pero tales cifras no bastan para orientar la política social. La conversión de ingreso en calidad de vida depende de muchos factores, entre ellos la discapacidad, pero también la edad.

Acoplamiento de desventajas por tercera edad

Las capacidades de las personas consisten en lo que ellas pueden hacer o ser en la vida. Aunque esas capacidades dependen de cuánto ingreso se tiene, también dependen de otros factores. Uno de ellos es la edad o la salud. Dificultades en salud y limitaciones de ingreso, como sabemos bien, se “acoplan” y unas agravan a las otras.

Como señala Sen en La idea de la justicia: “Las desventajas para competir, como la edad, la discapacidad o la enfermedad, reducen nuestra habilidad para ganar un ingreso. Pero también hacen más difícil convertir ingreso en capacidad, puesto que una persona mayor, más discapacitada o más enferma puede necesitar más ingreso (para asistencia, tratamiento o prótesis) para realizar las mismas actividades (incluso si esa realización fuera, en efecto, posible en absoluto).” (286)  Los ancianos debieran ser económicamente hablando menos pobres para vivir lo más parecido posible a los que son más jóvenes que ellos.

Las cifras dicen lo contrario. En las cifras publicadas por el INEI, hay un salto en pobreza cuando se llega a 60 o más años de edad.

La incidencia de la pobreza en personas entre 55 y 59 años es 24.6%, la incidencia entre 60 a 64 es 24.6% y entre 65 a 69 sube a 30.4% y se mantiene a ese nivel con 29.5% a los 70 años o más. La tercera edad requiere una política especial.

De modo similar, la pobreza de ingreso se convierte a menudo en desnutrición y ésta, a su vez, puede dificultar la obtención de empleo y de ingreso. “Así, la pobreza real (desde el punto de vista de la privación de capacidad) puede fácilmente ser mucho más intensa que lo que podemos deducir de los datos.” (Sen 2010: 286).

Desventajas de largas consecuencias: infancia

Algo parecido sucede aunque por distintas razones con los niños y niñas. En este caso, a la fragilidad propia de la edad y al riesgo de no sobrevivir se suman los efectos a menudo irreversibles sobre la capacidad cognitiva y de resistencia a la enfermedad así como la fuerza física de las personas. Lo que no se hace por ellos y ellas a esas tempranas edades a menudo se arrastra para siempre.

Las cifras de pobreza del INEI indican una clara desventaja para los infantes. Mientras el promedio de incidencia de pobreza en el Perú se estima en 34.8%, la del grupo de edad entre 0 y 4 años en 48.9%. Similar es la cifra, 48.0% para quienes tienen de 5 a 9 años. La pobreza excepcional para el Perú persigue también la vida de los escolares más allá de la primaria pues entre 10 y 14 años la incidencia es 45.4%.

Así, se genera un círculo vicioso por ese acoplamiento entre la  pobreza de ingreso y la capacidad de desempeñarse en la vida, cosa que refuerza la desventaja en ingreso.

Prioridad de políticas

En esas edades, la pobreza de ingreso es más grave que en otras en un doble sentido: porque hay mayor incidencia y porque hace más daño a las capacidades tanto presentes para desenvolverse en la vida como es el caso de los ancianos, como para lograr en el futuro una ocupación que permita vivir con lo que se gana y para desempeñarse en ella de manera adecuada. Son más pobres aquellos a quien más daño hace la pobreza. Se requiere una política especial que tome en cuenta tales desventajas.

Fuente: la Republica

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