COLOMBIA: Los familiares del “Mono Jojoy” piden acompañamiento para reclamar su cuerpo


A cuatro horas de Bogotá, alejado por completo del desarrollo, está un pequeño pueblo de cinco mil habitantes, y de un clima tibio de 14 grados. Allí está la única familiar del Mono Jojoy dispuesta a reclamar su cuerpo.
Lucero Suárez una joven mujer, madre de cuatro hijos y otro en camino, de un momento a otro tiene que añadirle nuevas preocupaciones a su vida, pues quiere apartarse de odios y rencores y solo cumplir con deber sagrado de darle cristiana sepultura.
"Quitando uno los odios y rencores, él como persona y creación de Dios, merece también un entierro, yo me imagino".
Sin embargo, la situación económica no le permite salir a buscar el cuerpo de su tío, tampoco quiere hacerlo sola, sabe que corre peligro aunque no deba nada.
"Yo no le niego nada a nadie, uno no tiene nada que ver de los actos que haya cometido".
Del hombre considerado el terror de Colombia, Lucero solo tiene recuerdos pasajeros. Cuando su tío, pasaba por la finca y los saludaba, en ese entonces no era conciente a que se dedicaba.
"Pues yo creo que tenía la edad de mi hija cuando lo vi por ultima vez, el pasó como tres veces por donde vivíamos, en esa época no sabíamos qué era la guerrilla y a uno el daba alegría cuando llegaba el tío. No nos visitaba, pasaba por ahí por El Duda, en el Meta, donde él se crío. Era bastante joven, era un hombre muy alegre, mantenía en buen ambiente, le gustaba jugar con los niños pequeños. El se hacía lejitos con su gente a comer gallina", recuerda Lucero
Con el paso del tiempo entendió, pero prefiere no juzgar ni opinar sobre su tío Jorge Briceño Suárez, el hombre con 62 órdenes de captura, 12 medidas de aseguramiento 5 condenas y dos peticiones de extradición, pues es solo el hermano de su papá.
"Yo confío mucho en Díos, coloco todo en manos de Dios, el señor, sabe que yo no debo nada y él le da a todos lo que merecen, igual no tengo miedo de nada".
Como si fuera poca esta angustia, Lucero está preocupada también por la suerte de uno de sus hermanos, un joven que al parecer siguió los pasos del tío y estaba en el campamento el día del ataque. Ahora solo le queda esperar noticias.
Ella ya está acostumbrada a las noticias de muerte, porque cuatro de sus hermanos ya están muertos por ir detrás del Mono Jojoy.
El Mono Jojoy no es el único tío guerrillero de Lucero también está Germán Briceño Suárez, el conocido como Grannobles y sabe que en cualquier momento recibirá noticias fatales.
"Uno sabe que una vida de esas, cualquier persona, que coja un camino de esos, el cualquier momento enfrenta la muerte".
Mientras tanto, vive feliz y tranquila en Cabrera, donde nadie la rechaza ni la discrimina por ser familiar de los guerrilleros más perseguidos del mundo.
La sombra del mono Jojoy en la memoria de los abuelos de Cabrera
Caracol Radio recorrió el municipio de Cabrera en Cundinamarca, la tierra que vio crecer al señalado segundo hombre en la estructura de las Farc y comprobó que la "sombra" del Mono Jojoy sigue presente en esta localidad. Caracol Radio habló en exclusiva con sus abuelos y familiares quienes lo recordaron desde que era un niño.
A la memoria de algunos abuelos que lentamente recorren las calles del municipio de Cabrera en Cundinamarca, volvieron recuerdos de hace de más de 50 años cuando compartían juegos y trabajos del campo con Víctor Julio Suárez, alias el Mono Jojoy.
Lo primero que aclaran es que el jefe guerrillero no era de Cabrera, solo que allí pasó parte de su niñez, haciendo mercado.
"Me tocaba mecerlo cuando la señora Romelia, la mamá, se iba a ordeñar las vacas, en ese tiempo era buena gente y era berriondo pal trabajo, pa tumbar monte y esa vaina, él venía era hacer mercado aquí y luego llegó a los 18 años y se largó".
El hombre que dedicó su vida a la guerrilla de las Farc y por quien ofrecían una recompensa de cinco millones de dólares por narcotráfico, terrorismo, rebelión y homicidio, entre otros, era un niño común y corriente, jamás demostró lo que sería en un futuro.
"Era muy decente trabajador, como todos nosotros, risueño, recochero, jugábamos a la cancha, eso que se pegaba una palmada y le decían canchoso, al trompo y al pito a la bola".
Uno de sus hermanos, hoy ya un anciano campesino, recuerda a Víctor Julio Suárez, como un niño tranquilo, que nunca desesperó a su mamá y por eso se sorprendió cuando comprendió que se había convertido en el jefe de las Farc.
"El le tocaba por ahí ver vacas, becerros, ver marranos, gallinas y hacer oficios livianos, nosotros no supimos pa donde se fue, pa donde salió, o que camino cogió, hasta ahora nos damos de cuenta, pero qué podemos hacer".
Ellos que son los abuelos de Cabrera, la vida les ha enseñado a ser prudentes, a guardar silencio sobre todo en estas tierras marcadas por la violencia, por eso prefieren no opinar sobre sobre su antiguo amigo y sus acciones violentas.
"Nos pusimos un poco tristongos, pero qué podemos hacer, lo que pasó pasó y si nos lo traen que podemos hacer..asomar las narices por ahí".
Todos señalan que ya siendo guerrillero nunca hizo "picardias" en esta tierra y si lo traen le darán el últimos adiós sin hacer comentarios.
Llevar o no, el cadáver del “Mono Jojoy” a Cabrera, he ahí el dilema
Todos en el pueblo saben que el Mono Jojoy se crío allí, que parte de su familia aún permanece en el lugar, pero no son muy expresivos sobre ese tema. Todavía quedan rezagos de esa época de guerra en la región del Sumapáz, que provocaron la guerrilla y luego los paramilitares.
Por eso para muchos habitantes del lugar no es positivo que el cadáver del jefe guerrillero sea llevado a Cabrera para su sepultura, pues temen agresiones.
“Por ejemplo si lo llegan a traer no estoy de acuerdo, uno puede comprender que la guerrilla quiera recuperar el cadáver, y llevárselo y eso sería para problemas dentro del municipio”.
Otros en cambio, más religiosos y devotos a los sacramentos, piensan que los pecados del “Mono Jojoy” no impiden que tenga derecho a una cristiana sepultura.
“Porque de todas maneras sea comos sea es un ser humano y a pesar que haya tomado ese camino, no significa que nosotros debamos discriminarlo, el tiene derecho a una cristiana sepultura”.
Pese a la incertidumbre que se respira en Cabrera, muchos hombres y mujeres, trabajadores del campo en su mayoría, dedicados al cultivo y al comercio del frijol y la papa, prefieren ser indiferentes, al fin y al cabo no es asunto suyo.
“Que lo traigan o no lo traigan me da igual, que si lo traen que lo traigan y sino no, me da lo mismo, igual uno tiene que seguir trabajando”. Mientras tanto en Cabrera, la Policía aumentó su presencia, los organismos de seguridad del Estado entran y salen en busca de documentos en la Registraduría y en la Casa Cural, mientras la sombra del Mono Jojoy, recorre los mismos rincones donde hacía mercado casi 50 años.

Caracol

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