PERU: GOLPES Y ELECCIONES


Por:  Raúl Wiener

Después de la votación de la segunda vuelta de 1990, los derrotados de Vargas Llosa se agolparon alrededor del local de campaña del FREDEMO a reclamar un golpe para que el chino insolente, cuyos antepasados no estaban enterrados en el Perú (frase de Chirinos Soto), no se hiciera del poder. En los días siguientes los rumores de una intervención militar crecieron y como después se supo no fueron sólo habladurías sino que sectores militares realmente discutieron la posibilidad de declararse en rebeldía. Esto acabó cuando Montesinos le reveló los planes al electo y le propuso instalarse en el Círculo Militar y no salir de allí durante semanas bajo la premisa que ubicado dentro del monstruo era imposible que pudieran intentar derrocarlo.

Todos sabemos que en esos días decisivos el Fujimori candidato del no shock y del diálogo para la paz, se convirtió en el Fujimori del shock, la privatización, el autogolpe y el grupo Colina. Es decir para hacer viable su gobierno, lo transformó en otro gobierno al que se había ofrecido en las elecciones y había desatado las esperanzas de amplios sectores. El 2000, Fujimori estaba colocado en la situación inversa: era el poder que se resistía a ser reemplazado lo que desató una violenta crisis que incluyó manipulación de resultados, represión, provocación y conspiración, contra los que se resistían a la re-reelección fraudulenta.  Montesinos barajó incluso sustituir al presidente por Carlos Boloña apoyado por los mandos militares. Y Fujimori se replegó y terminó huyendo cuando todo parecía desmoronarse.

El 2006, lo que no podía ocurrir era que Ollanta Humala ganara las elecciones y fue tan fuerte e irracional el odio que se concentró en su contra, que pareció lo más normal que en el acto de votación de primera vuelta en la Universidad Ricardo Palma, se armara una batahola con agresiones directas en su contra, que pudieron haber llegado más lejos si los hubieran dejado. Después de ocurridos estos hechos, alguien dijo que Ollanta se había buscado esos golpes y esas reacciones por andar pregonando la violencia contra los ricos. Es obvio que si el resultado final hubiera sido diferente al que dio por ganador a Alan García se hubiera armado la grande. Y es, en verdad, lo que de una manera diferida y en cámara lenta ha venido ocurriendo los siguientes años en los que el país ha sentido una tensión que lo recorre detrás de cada conflicto y como se ha visto en los dos últimos meses, rebrota con todo ímpetu en los momentos electorales.

La derecha no deja el poder tranquilamente. Si no que se lo pregunten a los ecuatorianos que vienen de vivir una experiencia de secuestro del presidente y un fallido intento por hacerlo capitular ante los golpistas, con el soterrado apoyo de los grandes medios de ese país y de la parálisis de las Fuerzas Armadas por casi diez horas. Antes fue el golpe de Honduras y los intentos también fallidos en Bolivia y Venezuela. La violencia periodística de estos días y el desborde de Lourdes Flores convertida en otra persona por efecto de la inminencia de la derrota, anuncian duras batallas. La primera de ellas está acabando hoy día, 3 de octubre de 2010.

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