China, su desarrollo economico y su nefasta democracia imperialista


El presente articulo de Zai China expresa todas las dificultades de un desenfrenado capitalismo Chino, su necesidad de convertirse en superpotencia que dispute el dominio del mundo, desbanque a EEUU. Su desarrollo capitalista solo puede traer una mayor explotación y represión reaccionaria. La democracia en el imperialismo es una alegoría nefasta.

¿Está el desarrollo económico ayudando a la dictadura china?
Zai China

¿Está el desarrollo económico ayudando a la dictadura china?

La teoría decía que el desarrollo económico traería democracia. Pero, ¿y si fuera al revés?

Hasta hace poco, el desarrollo económico era considerado como una de las claves para promover la democracia. La teoría era muy sencilla: con mejores condiciones de vida, se facilitaba el surgimiento de clases medias educadas, con deseos de participar en política y de proteger sus intereses. Todo ello significaba que existía un fuerte vínculo entre el desarrollo económico y la liberalización política, como se había demostrado en los países europeos y también en las ricas naciones asiáticas (Japón, Corea del Sur y Taiwán).

Esta teoría, sin embargo, podría estar rompiéndose en el siglo XXI, entre otras cosas por países como China, Rusia y Vietnam. “La historia reciente ha complicado el asunto […] El creciente número de prósperos estados autoritarios sugiere que una mayor riqueza por sí misma no lleva automáticamente a mayores libertades políticas”, explican Bruce Bueno de Mesquita y George W. Downs en un artículo de 2005 (todavía hoy de suma actualidad). “El desarrollo económico, en lugar de ser una fuerza para el cambio democrático en estados tiránicos, puede en ocasiones ser utilizado para fortalecer regímenes opresivos”.

¿Por qué pasa esto? Por un lado, porque el crecimiento económico contribuye a la legitimidad de los gobernantes. Si las condiciones de vida mejoran, todo el mundo estará satisfecho y dará las gracias al gobierno. En segundo lugar, porque esa mayor riqueza contribuye a que el Estado cuente con más recursos para mantenerse en el poder. Con más dinero, el gobierno puede invertir en policía, contratar más funcionarios, presionar a los disidentes o paliar desastres naturales.

A pesar de estos efectos directos del desarrollo económico, Bruce Bueno de Mesquita y George W. Downs piensan que la clave se encuentra en la “sofistificación de los gobiernos autoritarios”. El caso de China, una vez más, es paradigmático: el gobierno se ha esforzado en aprender de las manifestaciones de 1989 en Tiananmen, la desintegración de la URSS, los movimientos democráticos en Europa del Este y las revoluciones en el mundo árabe; el control político que se ejerce en Pekín es hoy sumamente hábil a la hora de evitar cualquier movimiento de oposición. Y esa represión política se lleva a cabo sin afectar significativamente al desarrollo económico.

Aunque puede haber distintas variantes en función del país, esa “represión sofisticada” se basa en controlar únicamente aquellas libertades que pueden poner en apuros al gobierno. Estamos hablando de herramientas clave de la organización política y social, como la creación de partidos políticos, la existencia de sindicatos independientes, la libertad de expresión o el derecho a manifestarse. Salvo excepciones, aquí los gobiernos autoritarios son inflexibles. Los autores los definen como “bienes de coordinación”, ya que tienen el potencial de aglutinar y unir a los ciudadanos para enfrentarse al gobierno.

Esa represión, sin embargo, se combina con una mayor flexibilidad en el ámbito de los llamados “bienes públicos”, que abarcarían la educación, la sanidad, las infraestructuras, las libertades individuales o la iniciativa privada. Países como China, Rusia o Vietnam se han dado cuenta de que permitir a los ciudadanos disfrutar de este tipo de bienes no implica tantos riesgos. Aumentar el número de licenciados universitarios, por ejemplo, puede ser perfectamente compatible con un país autoritario. Ver películas de Hollywood no tiene por qué acabar con un gobierno dictatorial. Estudiar en el extranjero, navegar por internet, montar una empresa o tener cientos de millonarios tampoco es un riesgo directo para el Partido Comunista. Todo esto se puede permitir… siempre y cuando los “bienes de coordinación” estén controlados.

En el caso de China, la propaganda es sin duda otro de los elementos centrales de esa estrategia autoritaria y desarrollista. Aunque la aparición de medios comerciales, Internet y el contacto con el extranjero han minado la credibilidad informativa del gobierno, lo cierto es que el Partido Comunista todavía se las arregla bastante bien para convencer a los ciudadanos de que lo está haciendo genial. Cada incremento de PIB trae consigo elogiosos titulares en los medios de comunicación chinos; con ese desarrollo económico, China se convierte poco a poco en un país importante y poderoso en la escena internacional. Todo eso no hace sino facilitar más argumentos para mantener el actual régimen.

A pesar de lo que explican Bruce Bueno de Mesquita y George W. Downs, todo esto no quiere decir que el desarrollo económico no produzca mayores márgenes de libertad individual para los ciudadanos. Cualquiera que sea mínimamente realista reconocerá que los ciudadanos chinos son hoy mucho más libres de lo que lo eran hace 30 años. Eso, sin embargo, no quiere decir que el desarrollo económico vaya a llevar directamente a China hacia un régimen democrático. Y los dirigentes chinos parecen haberlo comprendido bastante bien.

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