Argentina: El ex diputado y defensor de los derechos humanos Luis Zamora exige cese persecución contra periodista Carlos Aznárez


RECHAZO  GRAVE INTENTO DE CRIMINALIZACIÓN EJERCICIO DE DERECHOS DEMOCRÁTICOS – RESTRICCIÓN DE LA LIBERTAD DE EXPRESARSE – CENSURA – INTIMIDACIÓN.- 

Luis Fernando ZAMORA, por mi propio derecho, constituyendo domicilio legal, a todo efecto, en Lavalle 1388, Casillero 3246, CABA, en causa Nª 7271/15, al titular de esta Fiscalía Nº 25, digo:

Que por la presente dejo constancia de mi profundo cuestionamiento y rechazo a la denuncia penal que efectuara la Delegación de Asociaciones Israelitas de Argentina (DAIA) contra el periodista y director de “Resumen Latinoamericano”, Carlos Aznárez, intentando  criminalizar lo que claramente es el libre ejercicio de derechos democráticos por parte de Aznárez, incluyendo el de informar y el de expresar en forma pública su opinión de solidaridad con las reivindicaciones, por demás justas, del pueblo palestino.

Y como ocurre en tanto lugares del mundo los defensores de los crímenes periódicos de Israel contra el pueblo palestino pretenden silenciar a las voces democráticas que en el planeta se han levantado para repudiar esos hechos a lo largo de sus 60 años de existencia con las planificadas campañas de llevar adelante contra esas voces denuncias de “propaganda discriminatoria” y “antisemitismo” como la presente..

Este hecho es muy grave y tiene perversos antecedentes como hemos indicado. Muchos y muchas demócratas, intelectuales, periodistas y militantes de DD.HH. son hostigados en todas partes por estas denuncias de individuos u organizaciones defensores de las acciones aberrantes de Israel, con la pretensión de que sean criminalizados por denuncias antidemocráticas y expresivas de un elocuente autoritarismo  como la que origina esta causa. Y aunque finalmente movimientos de repudio y/o funcionarios judiciales con apego a la ética y a la legalidad terminan después de largos procesos cerrando las causas, el objetivo intimidatorio y de censura se cierne como un riesgo concreto.

Son famosos los casos judiciales en Francia, por ej., originadas en denuncias abominables como la que afectara a  Charles Enderlin, o al prestigioso intelectual Edgar Morin o a Daniel Mermet, Pascal Boniface o al periodista Bruno Guigue y tantos otros. O las campañas difamatorias, en EE.UU, contra el prestigioso intelectual norteamericano, Norman Finkelstein, cuyas críticas valientes a Israel y sus atrocidades como el hecho de ser de origen judío e hijo de sobrevivientes del guetto de Varsovia y del campo de concentración de Maidanek, motivaron que esas campañas tuvieran y tengan un tenor devastador por parte de peligrosos autoritarios como los denunciantes en autos acompañados de un lobby mediático que le da repercusión basada en la mentira y la tergiversación, la difamación y el desprestigio.

La Justicia tiene en sus manos el desafío y la obligación de no ser vehículo de esta intención de usarla para intimidar y difamar.

El atropello adquiere más gravedad y significación cuando en función del procedimiento judicial se obliga a entregar -a través de una intimación a Google-  de todos los correos del periodista y del medio al que representa desde julio de 2014 hasta la fecha.  Esta medida de por sí vulnera el derecho a la privacidad y protección de las fuentes de información que posee cualquier persona y específicamente un profesional de la comunicación en nuestro país y en el mundo, protegidos por la propia Constitución Nacional (arts. 18, 19 y 43) y Tratados Internacionales de raigambre constitucional. Esos tratados establecen limitaciones en el uso de esos derechos, una de las cuales es que no sean ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas. (Declaración Universal de los Derechos Humanos, art. 29). Y precisamente son numerosas las resoluciones de la ONU condenando las acciones aberrantes de Israel , acciones similares a las que han motivado las críticas firmes del periodista Aznárez y que intentan criminalizarse en la presente.

Al respecto algunas de las más salientes son la Resolución 181/11, 29 de noviembre de 1947, Resolución 194, 11 de diciembre de 1948, Resolución 303, 9 de diciembre de 1949, Resolución 114 C.S., 20 de diciembre de 1949, Resolución 2253 ES-V, 4 de julio de 1967, Resolución 2254, 14 de julio de 1967, Resolución 242 C.S., 22 de noviembre de 1967, Resolución 2628, 4 de noviembre de 1970, Resolución 2649, 30 de noviembre de 1970, Resolución 2851. 20 de diciembre de 1971, Resolución 338, 23 de octubre de 1973, Resolución 3070, 30 de noviembre de 1973, Resolución 3236, 2 de noviembre de 1974, Resolución 3237. 22 de noviembre de 1974, Resolución 3379, 10 de noviembre de 1975, Resolución 32/40-B, 2 de diciembre de 1977, Resolución 36/15, 28 de octubre de 1981, Resolución 38/180 D, 19 de diciembre de 1983, Resolución 43/177,15 de diciembre de 1988, Resolución 904 C.S., 18 de marzo de 1994Resolución 50/22, 4 de diciembre de 1995 Resolución 51/223, 14 de marzo de 1997, Resolución ES-10/2, 5 de mayo de 1997,Resolución ES-10/3, 30 de julio de 1997, Resolución E/CN.4/RES/2001/2 C.D.H, Resolución E/CN.4/2001/L.31C.D.H. Resoluciones del CS, 799 (1992), 607 (1988), 636 (1989), 641 (1990), 694 (1991) y 726 (1992)

Incluso fue condenado por el Tribunal Internacional de Justicia, (ONU) por la construcción de un muro ilegal, racista y aberrante, resolución que como todas las demás Israel no cumplió y el muro sigue creciendo. Pero debe considerarse que la ONU, más allá de su inoperancia cómplice, condena en varias de esas resoluciones las masacres cometidas por Israel, las atrocidades contra el pueblo palestino y también contra el libanés e incluso llegó a condenar el carácter racista y discriminador de esas acciones.

Similares valoraciones a las que aquí se pretenden criminalizar se realizaron con motivo de recientes y reiteradas atrocidades de Israel y que fundamentaron un reclamo a la ONU “de embargo integral militar y legal” “similar al impuesto a Sudáfrica durante el apartheid” y reclamaban “solidaridad efectiva y no caridad con el pueblo palestino en Gaza” ,“el más castigado por el militarismo, las atrocidades y la impunidad de Israel. Firmaban, entre otros,

Arzobispo Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz, Sudáfrica Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz, Guatemala Mairead Maguire, Premio Nobel de la Paz, Irlanda Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, Argentina, Jody Williams, Premio Nobel de la Paz, EE.UU., Betty Williams, Premio Nobel de la Paz, Reino Unido/Irlanda del Norte, Roger Waters, músico, Reino Unido, Alice Walker, escritora, EE.UU., Frei Betto, teólogo de la liberación, Brasil, Zwelinzima Vavi, Secretario General de COSATU, Sudáfrica, João Antonio Felicio, presidente de la Confederación Sindical Internacional, Brasil, Slavoj Zizek, filósofo, Eslovenia, Nurit Peled, académico, Israel, Gillian Slovo, escritor, ex presidente del PEN, Reino Unido, Gita Hariharan, escritora, India Federico Mayor Zaragoza, ex Director General de la UNESCO, Estado Español, Chris Hedges, periodista, Premio Pulitzer 2002, EE.UU., Boots Riley, rapero, poeta, productor de artes, EE.UU., Noam Chomsky, filósofo, analista político, EE.UU., Ilan Pappe, historiador, Israel, John Dugard, exjuez de la Corte Internacional de Justicia, Sudáfrica, John Pilger, periodista y cineasta, Australia, Richard Falk, ex Relator Especial de la ONU en los Territorios Palestinos Ocupados, EE.UU., Coodavia Ismail, ex embajador de Sudáfrica ante Israel, Judith Butler, teórica de género, Premio Theodor W. Adorno, EE.UU..

Me pregunto y pregunto: ¿se denunciará a todo/as ello/as?. ¿Se los acusará de discriminación y antisemitismo? ¿Se los pretenderá criminalizar?

Con motivo de una persecución del tenor que nos ocupa, la que sufriera en Francia Bruno Guigue con motivo de expresarse públicamente como en este caso, en un artículo “La vergüenza”  sobre Israel y la libertad de expresión en Francia (REBELIÓN – 01-04-2008) se cita al destacado periodista británico Robert Fisk, que cubre para el diario “The Independent” la actualidad de los hechos en la zona desde hace decenios y que ha denunciado  maniobras de amedrentamiento  como la que en esta causa se intenta, poniéndolas en la cuenta de “una cobardía intolerable”:

«El miedo a que nos acusen de ‘antisemitas’ nos obliga a cerrar los ojos ante maniobras inadmisibles en Oriente Próximo», denunciaba. Y se preguntaba: «¿Qué habría pasado si hubiéramos apoyado el régimen del apartheid en Sudáfrica contra la población negra mayoritaria? (…)

¿Y si hubiéramos descrito a los niños negros asesinados por la policía como víctimas de ‘actos de sacrificio’ de sus propios padres? (…) Hay que recordar, además, que los escuadrones de la muerte sudafricanos no utilizaban ni ametralladoras helitransportadas ni misiles… Desde la segunda Guerra Mundial, raramente un pueblo ha sido tan vilipendiado como el pueblo palestino. Raramente también se ha disculpado a un pueblo tan a menudo y se han consentido hasta tal punto sus caprichos como a los israelíes. Las embajadas de Israel de todo el mundo se dedican a dar la lata a los editores para inculcarles la lección: no deben calificar al Primer Ministro israelí de «halcón», ya que eso «infringiría la cortesía». Y los publicistas, que tengan mucho cuidado para no salirse del redil por lo que les pudiera pasar (…)

Nuestra cobardía, nuestra negativa a decir la verdad, nuestro miedo a ser acusados de «antisemitismo» -una de las injurias más graves que se le pueden hacer a un periodista- sólo contribuyen a que se sigan perpetrando atrocidades en Oriente Próximo y al mismo tiempo, cerrando los ojos, a que se perpetúen sin decir nada. Sería bueno mirar de frente estos ‘remakes’ de la época del apartheid y recordar los tiempos en que los hombres todavía tenían un poco de decencia…»

Podemos decir que Carlos Aznárez es un hombre decente. Es esa decencia, que obliga a una conducta de fidelidad a la Justicia de la causa palestina y a la difusión pública y masiva de las aberraciones que comete Israel contra ese pueblo, la que motiva esta denuncia. Se denuncia esa decencia. No hay más que eso. Ni nada menos.

Es por ello que solicito que termine esta actitud persecutoria que embiste explícitamente contra derechos constitucionales en cuanto a libertad de expresión y opinión, y expreso mi total SOLIDARIDAD con el periodista y público militante de los Derechos Humanos, Carlos Aznárez, esperando que cesen las medidas judiciales que hoy lo afectan. Deseo también que hechos como este no se repitan contra ningún otro trabajador o trabajadora de prensa cuya función inherente es informar, expresando libremente sus ideas. Ni contra ninguna persona que siendo fiel a las mejores convicciones democráticas se exprese y actúe consecuentemente en defensa de esos principios.

Luis Fernando Zamora

Abogado- CPACF – T.22 – F.236

(Diputado nacional 1989 – 1993 y 2001-2005)

Buenos Aires, República Argentina

 

fuente: Resumen Latinoamericano

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